Un estadio de fútbol para recibir a la Caravana Migrante en Ciudad de México

Ciudad de México 06 de Noviembre de 2018 (Redacción).-Los emigrantes son esperados en la capital en el estadio azteca.

Como si se tratara de atletas que terminan de correr una maratón, reciben su particular homenaje mientras enfilan la recta de entrada a un estadio con capacidad para 7.000 personas. Su premio particular les espera en el interior del recinto y es que, por primera vez desde hace 23 días, la Caravana Migrante podrá descansar en un espacio perfectamente habilitado para atender sus necesidades.

El grupo ha llegado antes de lo previsto y por eso las autoridades capitalinas han trabajado sin descanso para terminar de instalar, sobre el campo de fútbol, varias carpas de plástico en donde los inmigrantes podrán descansar estos días. El objetivo es esperar al resto de la Caravana, que en los últimos días se ha desperdigado entre los estados de Puebla y Veracruz. Según se acercaban hacia la capital del país, los más impacientes se desconectaron del grupo y se subieron a bordo de camiones, autobuses y coches particulares que les ahorraban varios cientos de kilómetros de caminata.

No obstante, aunque efectiva, se trata de una práctica peligrosa y que a más de uno le ha provocado un susto importante. Es el caso de Miren Amaya, una hondureña de 20 años que estuvo a punto de ser secuestrada hace un par de días como confiesa a EL MUNDO: “Me subí a un coche en la autopista confiando en que me traería hasta la capital, pero enseguida comprobé que se desviaba del rumbo. En ese momento, y como el conductor no me respondía, decidí saltar del coche en marcha. Iba muy rápido, así que pensé que todo iba a terminar para mí pero, afortunadamente, rodé y solo sufrí algunas quemaduras”. Amaya confiesa que no le da miedo viajar sola, “la Caravana me protege”, y se muestra confiada en llegar hasta Estados Unidos. “Entiendo que Donald Trump pueda pensar así porque vamos a su país, pero está equivocado, sólo queremos trabajar y labrarnos un futuro mejor”.

En las afueras del estadio, a 100 metros del acceso, dos hondureños tratan de encontrar las gradas de otro escenario, el asfalto del flamante circuito de Fórmula Uno de la capital mexicana. El mismo lugar que coronó hace una semana a Lewis Hamilton como campeón del mundo está ubicado apenas a unos metros de otro estadio, más modesto, que se ha convertido en el símbolo de la crisis migratoria en Centroamérica. “Sólo el poder de Dios puede ablandar el corazón de ese faraón que es Donald Trump para que permita que el pueblo pueda cruzar el Mar Rojo y llegar a la tierra prometida. Solo queremos un permiso de trabajo para poder invertirlo después en nuestro país”, asegura Samuel, un hondureño que huye de la represión política en su país.

La militarización en la frontera parece que no termina de asustar a este grupo que sigue confiando en alcanzar su sueño americano. Merlin Amparo, que viaja sola con sus dos niños de dos y cinco años, cree que lo tendrá más fácil que los demás: “A Trump le pediría que por lo menos deje pasar a los que viajamos con niños y que no nos separe de ellos. Que sea consciente de quiénes componemos esta Caravana y no nos reciba como si fuéramos un ejército invasor”.

En los próximos días, las organizaciones de derechos humanos esperan acoger a más de 7.000 inmigrantes en este espacio mientras que, en los despachos, las autoridades capitalinas se reunirán con los organizadores de la Caravana en busca de una solución que satisfaga a todos.

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